Kevin Herrera Sánchez, con el alma en la harina de trigo

En su niñez Kevin no soñaba con ser astronauta, ni médico, ni abogado como los niños de su edad, él desde siempre soñó con ser panadero. 

Kevin Herrera Vásquez a los 9 años de edad quiso empezar a trabajar porque anhelaba darle un regalo de navidad a su mamá, junto a unos amigos empezó esa búsqueda en el barrio Rionegro en Bogotá, ellos lo encontraron en una venta de cal y él, por los azares de la vida, lo encontró en una panadería. Allí buscaban un muchacho interno, ya con el permiso de su mamá empezó a trabajar en la que sería su carrera, su pasión, su sustento: la pastelería y la panadería. 

En ese entonces Kevin a su corta edad tenía variooficios en la panaderíacalentar el horno, ayudar a empacar pan, ayudar a limpiar los pisos, ayudar a limpiar las latas, ayudar a hornear, pero no tomaba una pieza de pan todavía.  

Tenía que madrugar a las 3 de la mañana, a veces le daban las 7 de la noche sin haber terminado de limpiar las latas, porque el azúcar de los roscones se quedaba pegado en las láminas Paz del Río que se utilizaban en las panaderías de ese entonces. Así fue como Kevin empezó aprendiendo de panadería, a la vez que continuaba estudiando en el colegio. 

El sueño de ser panadero 

Un día el rector del colegio cuando Kevin estaba terminando quinto de primaria, les pregunta a sus compañeros de curso y a él como se veían en un futuro como profesionales a lo que él responde que quiere ser panadero.  El rector del colegio solo tuvo para decirle que aspirara a algo mejor, pero él no entendía por qué decía eso porque Kevin conocía a dueños de panaderías con plata, dándole trabajo a otros y pasándola bien, no entendía por qué en ese tiempo en Colombia ser panadero no era suficiente para ser profesional.  

Años después la pregunta vuelve con un profesor de química que le reprocha su aspiración de ser panadero cuando ya había sido ayudante en varias panaderías y pastelerías, ya había descubierto la magia de ver salir del horno algo que ya había manejado con las manos, que había moldeado, del que él ya había sido el creador; ya había descubierto el ambiente de camaradería entre panaderos y pasteleros, el placer de escuchar las noticias en la radio mientras se iba haciendo al calor del horno. Ya había descubierto lo apasionante de la panadería y la pastelería. La tercera persona en su vida que le hizo la misma pregunta fue su padre, quien recibió la misma respuesta que les daba a todos: el sueño de su vida era ser panadero. 

Efectivamente la panadería ya era parte de sus días y de su vida y fue cuando una vez pasaba por el SENA de Chapinerove una cartelera donde se anunciaban cupos para estudiar panadería y sin dejar pasar la oportunidad se inscribió. De esos 25 que iniciaron con él en la actualidad solamente 3 están dentro del sector panadero, el resto fueron desertando y los 18 que lograron graduarse con él 15 fueron encontrando trabajo en otras actividades.  

Kevin veía la panadería y la pastelería no solo como una opción para sobrevivir, él buscaba aprender y aprender, tener muchas fórmulas y procesos, quería sacarle provecho a todo: los libros, internet, cursos, una pasión que lo llevaba a crecer, eso le enseñaba cada nuevo negocio en el que trabajaba. 

Molino El Lobo: Un mundo gigantesco 

Después de trasegar por diferentes empresas, procesos y aprendizajes, Kevin llega a Molino el Lobo a seguir aprendiendo sobre los procesos de la harina, de la levadura de las mezclas. Dice que el técnico que no pase por un molino le falta un pedazo y asegura que ha sido un mundo gigantesco lo que ha encontrado en el Molino El Lobo, un mundo que no alcanzaba a dimensionar. 

“El lobo es una empresa que ha tenido la trayectoria de más de 70 años, se trae un trigo ciento por ciento canadiense que se procesa y se convierte en harina. Es una empresa que tiene en la memoria del panadero colombiano una de las mejores marcas y que es un respaldo que realmente le da un producto final excelente” resalta Kevin sobre la historia de Molino El Lobo, de la que también destaca su trabajo: “se tiene en el deseo siempre de hacer lo mejor, creando pruebas panaderas internamente para estar seguros de lo que se está haciendo siempre y darle al panadero siempre un producto de excelencia”. 

Kevin dice estar satisfecho de lo que le dijo algún día a su profesor a los nueve años cuando le respondió que quería ser panadero. “De esto como, de esto vivo, de esto me agrado todos los días de mi vida, de esto se alimenta mi familia, de esto una nación entera, la panadería da oportunidades de trabajo, da opciones de crecimiento, la panadería colombiana sigue teniendo los espacios para seguir haciendo cosas inimaginables para muchos, contento de mi profesión, feliz” afirma Kevin Herrera Vásquez, asesor técnico del Molino El Lobo. 

Una mirada a la panadería colombiana 

Kevin ve a la panadería en Colombia en crecimiento, mirando con cuidado los procesos artesanales del pan, lo que significan los fermentos, los panes antiguos, los terminados de productos. Percibe a una clientela dispuesta a probar y pagar por productos nuevos, saludables. Internet y la televisión por cable le han enseñado a la gente que existen otros sabores, y sensibiliza el paladar hacia los alimentos destaca Kevin. También resalta que la pastelería ha crecido, la galletería, la chocolatería que invade a Colombia en los terminados de productos y la elaboración de bombones.  

También afirma que no podemos abandonar lo que culturalmente somos, el pan ancestralmente rico en mantequillas, en azúcares y en huevos, nuestro sello. Kevin dice que nos alimentamos en Colombia de una manera muy cargada y no hacemos el suficiente ejercicio, no lo combinamos adecuadamente con agua y vegetales. Destaca también que es importante no abandonar lo nuestro, manejarlo para que se conserve y que sea todo el tiempo bueno para todos.  

No Comments Yet

Leave a Reply

Your email address will not be published.